Domingo 24 de abril. Primer dorsal ciclista de la temporada. Sin ser un objetivo principal del año, llegaba con muchas ganas de ver a que nivel estaba y más después de lo mal que empezó la temporada en febrero con el esguince que me ha tenido sin correr todo este tiempo.
5 AM suena el despertador y toca ponerse en marcha, después de un sábado movidito con el bautizo de mi sobrina. Desayuno, bártulos a la furgoneta y tiramos hacia Lloret. No tenemos muy claro si el tiempo nos va a respetar. Al llegar, el fresquito está presente. Recoger el dorsal, acabar de prepararlo todo y para la línea de meta.
En la línea de salida, como siempre, una mezcla de emociones. Según a quien mires a la cara puedes ver diferentes formas de afrontar la prueba. Está el veterano curtido en mil batallas que afronta esta como una más; también el joven novato con toda su ilusión en la primera marcha; al grupo de amig@s que se han marcado un reto en común y vienen, sobretodo, a disfrutar de la experiencia; al padre/madre de familia que ha venido con toda la “trupe” para disfrutar de esto en familia y luego estoy yo, que no sé en que grupo de estos ponerme, pero que me emociona ir a las carreras como al que más.

8 AM y dan la salida, de inicio neutralizada, para alejarnos del pueblo y coger camino a Tossa. Como siempre, las bromas y el buen rollo reinan en el ambiente, los primeros apretones para encontrar tu grupo y no quedarte rezagado.
Salimos de Tossa, cogemos la carretera con sus famosas calas hasta que llegamos al primer “hueso” el Puerto de Sant Grau, ahí el murmullo se calla y todo el mundo se pone el mono de faena para superar sus 7km con casi 400m de desnivel y rampas de hasta el 14%. Por suerte, es el inicio de la carrera y lo puedo superar con garantías. Una vez arriba, sin pensarlo mucho, enfilamos carretera para abajo, no sin cierta precaución, ya que el estado del asfalto sumado a la humedad por las lluvias, hace de esta una bajada complicadilla enalgunos puntos, tanto que alguno que otro corredor toca el suelo.
Por delante nos vienen unos cuantos kilómetros bastante llanos pasando por Santa Cristina de Aro, donde una sucesión de falsos llanos te van poniendo en tu sitio pero aprovechas para tirar de un pequeño grupo con Ernes. Algo de fatiga muscular empieza a aparecer y repaso la alimentación/hidratación hasta ese momento para ver si he seguido las pautas. Todo correcto a priori.
Segundo avituallamiento, kilómetro 59. Aquí sí, parada de rigor y bocadillito de nocilla más que merecido. Está bien sufrir pero también hay que disfrutar un poco de estas cosas. Lo de las marchas cicloturistas no es más que una excusa para poder concederte algunos privilegios, jajaja. Continuamos con los últimos 30 kilómetros por delante, que lejos de ser algo sencillo, se me hacen más bien largos una vez llegamos a Sant Feliu de Guíxols y tenemos que volver siguiendo la carretera que bordea la costa. Ahí una sucesión de subidas y bajadas, hacen que mis piernas junto con mi lumbar pidan tregua pero la vistas del mar hacen que el esfuerzo se lleve de mejor manera. Finalmente llegamos a Lloret de nuevo para cruzar la meta después de 3:30h (3:51h tiempo oficial).
#seguimossumando
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