Mussara siempre será una carrera especial, fue mi primera marcha. Como sufrí aquel día, pero eso no quita que cada año quiera volver. Así que después de la pasada edición que tuvo lugar en octubre de 2021, tocaba volver a vestirse de rosa este 29 de mayo de 2022.

Llegaba con los deberes hechos, pero arrastrando un dolor lumbar considerable desde hacía varias semanas, el cual pude capear después de pasar por el fisio en las 2 últimas semanas, pero lo que no pude capear fue un catarro que me puso las cosas difíciles desde el inicio.

Cuando algo funciona no hay que cambiarlo, así que como ya es tradición, pizza la noche anterior y desayuno en la línea de siempre.

7:40am y nos vamos para la salida. Nada más bajar de la furgoneta y subirme a la bici para ir rodando veo que algo no va bien, mi pulso es demasiado alto y me cuesta respirar profundamente, la mucosidad y la tos juegan en contra.

Tomamos la salida con puntualidad, mentalmente tengo la estrategia muy clara: “Si no llego destrozado arriba de la Mussara, puedo hacer un buen papel” y con ese pensamiento iniciamos, pero sigo viendo que al abrir gas el pulso se dispara y no hay quien lo baje, así que finalmente decido cambiar de pantalla en el Garmin y poner una donde no vea mi FC. Si te conoces un poco y creo que es el caso, nada mejor que tus propias sensaciones para saber si vas bien o no.

Así que sin darme cuenta llegamos al inicio del puerto de la Mussara, pedaleada tras pedaleada veo que al inicio me cuesta coger un ritmo pero a medida que avanza el puerto, cada vez me encuentro mejor.

Minuto 59’, primera pastilla de sales y a la 1:05h primer gel.

Coronamos La Mussara y la verdad que las sensaciones son muy muy buenas, nada comparado con años atrás. Pasamos del 1er avituallamiento sin parar, ya que solo es líquido y con los dos bidones que llevamos es suficiente.

A partir de ahí vienen unos llanos y bajadas dignos de disfrute, perfectos además para apretar un poquito e ir rascando segundos al crono. Antes de llegar al segundo avituallamiento me tomo la segunda pastilla de sales mientras vamos avanzando entre pequeñas subidas y falsos llanos.

2do avituallamiento, aquí sí paramos para rellenar bidones y comer algo. Me como simplemente un plátano, me noto bien y no quiero sentirme pesado. Antes de iniciar la marcha, me tomo el 2do gel.

Nada más salir del avituallamiento se inicia el 2do puerto, cortito pero intenso, 3 kilómetros que dejan a más de uno con ganas de volver a casa, sobretodo si no te lo esperas.

Una vez superas esto, si no ocurre nada raro, sabes que la marcha es tuya, lo peor ya ha pasado, queda apretar un poco los dientes para superar las últimas subidas antes del 3r y último avituallamiento.

Llegando ya al 3r avituallamiento, veo que las sensaciones son realmente buenas, no tengo calambres ni dolor muscular relevante. Paramos para comer alguna cosa, el estómago empieza a estar algo vacío y hay que asegurar los 35km que quedan por delante. Última pastilla poco después de retomar la marcha.

A partir de aquí vienen probablemente alguno de los tramos más bonitos de la carrera, con unas bajadas de vértigo y un pueblecito con mucho encanto. Enfilamos para abajo intentando llevar un ritmo constante a pesar del desnivel que aún quedará por superar, que ya no es nada comparado con todo lo que hemos hecho.

Llegamos de nuevo a nivel del mar prácticamente para superar las últimas rectas cerca de la Nacional, como siempre, en compañía del aire. Aquí me tomo el último gel para poder dar el último empujón.
Y aquí nos ponemos a tirar Ernest y yo tirando uno del otro (el más que yo, hay que ser honestos) tanto que incluso se añade una 3ª persona con nosotros.

Así que enfilando recta tras recta nos metemos en Reus para apretar los dientes en las últimas curvas y llegar a meta superando el tiempo de la última edición y, sobretodo, llegando con mejores sensaciones.

Si una palabra define mis sensaciones el domingo es SOLVENTE.

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